Bodas de Sangre según Antonio Gades

En octubre de 2011 tuve la oportunidad de ser espectador, en la Sala Ríos Reina del Teatro Teresa Carreño en Caracas, de una de las innumerables presentaciones que por el mundo ha hecho la Compañía de Antonio Gades de su versión de “Bodas de Sangre”, del dramaturgo español Federico García Lorca.

La anécdota base es muy sencilla, profundamente trágica: se celebra una boda, pueblo andaluz. La novia, aunque se casa, continua enamorada de su antiguo novio, a quien se entrega apasionadamente el mismo día del casamiento: la traición se consuma y los amantes se hacen prófugos. El esposo descubre que ella ha escapado con aquel, y les persigue hasta encontrarlos. Estos dos hombres luchan, se enfrentan con navajas, ella intenta detenerles sin lograrlo, ambos mueren en esa confrontación.

Lorca es para Gades una fuente inagotable de inspiración, y es el contacto con el trabajo de este dramaturgo lo que lo lleva a crear sus propias coreografías. Para el año 1981, ya siendo una figura consagrada del baile, experimenta una gran apertura en su carrera en alianza con Carlos Saura, y es junto a este director que filma su versión de “Bodas de Sangre”, montaje de teatro flamenco que ya había presentado con éxito en distintos escenarios del mundo desde su estreno en el año 1974.

Este trabajo escénico y coreográfico de Antonio Gades constituye actualmente un clásico que nos aproxima al teatro universal del genio lorquiano, a su concepción de la existencia humana marcada por la tragedia del amar y del odiar, de la traición y la decepción, de la lucha y el deseo irrefrenables, de la transgresión y el inevitable castigo. La forma en que Gades aborda y plantea la narración de la historia remarca la intensidad de los acontecimientos a través de la limpieza y la sencillez.

Nada en este montaje se apresura, todo tiene su ritmo y su tiempo. Las primeras imágenes, algunas de la madre del novio -quien ya había perdido a su marido trágicamente, y esto es ya un presagio de lo que está por suceder -, otras de la novia, nos introducen al universo femenino de Lorca. Ellas presienten la tragedia, se alistan para ella sin saberlo del todo pero sospechando el acecho de terribles acontecimientos futuros.

De lado y lado de la escena, ellas desarrollan sus monólogos. Sus cuerpos nos dicen todo y en términos coreográficos y de uso del espacio el balance siempre es perfecto, no hay lugar en el escenario desperdiciado, si la luz se concentra en ellas percibimos su relación con el vacío oscuro que las rodea.

Luego se van sumando los personajes, se adicionan en danza simétrica, en clave flamenca siempre -pido excusas a los entendidos, pero no puedo identificar los palos ni los estilos del baile -, hasta conformar el conjunto de la boda, fiesta con energía creciente, celebración que antecede a la desgracia. En ese marco festivo empezamos a entender cómo se va entretejiendo la trama, cómo los personajes van forjando su propio destino. No puedo olvidar en estas escenas las entradas y los desplazamientos del conjunto, marcando una coreografía impecable que da siempre una sensación de estructura preconcebida, de limpieza en las líneas marcadas sobre el escenario, de los lugares específicos de cada intérprete. Esa claridad me permitió como espectador deleitarme con una estética impecable, lo que considero muy cercano a la visión de Lorca, a sus imágenes teatrales.

Luego sobreviene lo esperado, los acontecimientos se precipitan y es en esta sección del montaje donde percibo que Gades realiza algo de gran valor: cambia el ritmo y todo se vuelve lento y distante. Los amantes huyen a caballo, el marido traicionado les persigue también al galope; los alcanza, cae sobre todos un hondo y absoluto silencio. La luz blanca en cenital remarca las sombras. El enfrentamiento ocurre frente a nuestros ojos, nada queda oculto, sólo la imagen de dos hombres que intentan salvarse a manotazos, se están ahogando en la rabia y el dolor. Luego la muerte.

Lo demás se me pierde en fragmentos de mi memoria, pero en ese momento nadie respiraba en aquella sala. Confirmo el cambio de ritmo que permite pasar de la fiesta a la persecución, y lo impactante que resultó para mí el presenciar cómo la lentitud se hacía mayor a medida que el momento cumbre de la pieza se acercaba. La iluminación se hizo más y más intensa durante la pelea de los dos hombres, y el silencio fue absoluto durante una larga batalla que casi parecía detenerse por instantes.

Creo que es un espectáculo que, si se tiene la oportunidad de verse, no debe dejar de presenciarse ni considerarlo un montaje esencial, una propuesta estética de gran limpieza y con un manejo sin igual del espacio y de todos los recursos escénicos, especialmente el grupo de intérpretes: bailaores y músicos.

Pero si no has tenido la oportunidad de verlos en vivo, te dejo este enlace para que puedas disfrutar de la película dirigida por Saura, con la interpretación del propio Gades:

http://www.youtube.com/watch?v=5mwGWAn_Sqc

 

 

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